(Tracuccion español abajo)

You could fill hectares and hectares of banana plantations with all the things I didn’t know before sitting down with Clyde and Phyllis Stephens one afternoon at their lovely estate at Hospital Point on Solarte. Clyde is a trained entomologist (bug scientist) whose expertise landed him a long and fruitful (pun intended) career with the United Fruit Company, now known as Chiquita Brands International.  In his retirement, Mr. Stephens has become the resident historian of Bocas del Toro, publishing five books about the banana industry and its influence on the development of the archipelago. Phyllis is a retired banana company school teacher with great stories of her own of children of banana people and where they are now.  However it is her husband Clyde who is known for his charismatic storytelling and wealth of information on the history, culture and flora and fauna of the magical place known as Bocas del Toro.  This is the first installment if Bocas History with Clyde Stephens.


I was greeted with warm smiles, hot coffee and an immediate whirlwind of stories, colorful anecdotes and interesting factoids. “Just about anything will get my spark going,” admits the esteemed storyteller.   We sat down, sipping coffee, overlooking the islands of Bastimentos, Carenero and Colon while he began to tell me about a book he was reading at the moment: “Empire of the Sun,” a novel by J.G. Ballard, later made into a Stephen Spielberg movie set in a Shanghai Japanese Prison Camp during World War II.   You see, Clyde is currently penning a story about a man who too lived as a child in the same prison camp with J. G. Ballard. The man’s name is James Maas, a longtime Bocas resident and dear friend of the Stephens, but I will let Clyde tell that story himself.

We talked about Clyde’s life in Bocas, his career with United Fruit, banana agricultural science, insects, pests, pesticides, nature, Phyllis’ student’s careers, banana commerce and its impact on the development of Bocas del Toro.     The most interesting thing that stuck out in my mind for the first installment of Bocas History with Clyde Stephens was how Manila hemp plantations in Changuinola played a huge role in the Allied victory in the 2nd World War. I never dreamt that vast areas surrounding the small town on the Caribbean coast of Panama had anything to do with   the worldwide armed conflict that devastated part of the planet in the 20th century.

If you had asked me what was manufactured in Changuinola during WWII, I would have guessed either coconut rocket launchers or military uniforms with rhinestones on them.   In modern day Changuinola you can indeed go to the Wolf Mall and buy t-shirts with rhinestones on them and outside of town you will see banana plantations back in production with the treasured green commodity. However, in turn-of-the-century Changuinola, that was not the case at all.  A fungus disease, known as Panama disease, wiped out all bananas in Changuinola by 1925 and the alluvial soils were converted to cacao as a way to hold the land and keep it in production.   But all of that was soon to change.

In 1941, the Japanese invaded the Philippines and controlled the world’s source of rope.  “You can’t fight a war unless you can tie up war ships with rope,” logically reasons Mr. Stephens. The crop in question was Manila hemp (Musa textilis, known in Spanish as abaca), which is a species of banana.

Water in the trunk is squeezed out with large rollers that leaves strong fibers to make ropes.  After the Japanese monopolized this strategic war material, the Allied Powers were left rope-less. That is when the US government and War Department made a contract with United Fruit to convert old cacao farms in Changuinola to Manila hemp to produce fibers for making rope.   The fruit company did just that and even gave the new hemp farms names from the Philippines, like Mindanao, Filipinas, Davao, Manila, Cebu and Luzon.  Eventually there was an Allied victory over the Axis of Evil. “That is what helped win the war, because it turned out to be a strategic war material,” sums up our resident Bocas historian.

The local impact of the WWII Manila hemp rope production was an economic boom that changed the language, ethnic and cultural landscape that shapes the Changuinola we see today. But more on that in another installment of Bocas History with Clyde Stephens.

En Español

HISTORIA DE BOCAS CON CLYDE STEPHENS: EPISODIO UNO: GUERRA MUNDIAL II & BANANOS

Se pudieran llenar hectáreas y hectáreas de plantaciones de Banana con todas las cosas que yo no sabía antes de sentarme a charlar una tarde con Clyde y Phyllis Stephens en su agradable hacienda en Punta Hospital en Solarte. Clyde es un entomólogo (científico de insectos); su pericia lo ubicó en una larga y fructífera carrera con United Fruit Company, conocido ahora como Chiquita Brands International. Al llegar su jubilación, el Sr. Stephens se convirtió en el residente narrador de Bocas del Toro, ha publicado cinco libros sobre la industria del banano y como influyó en el desarrollo del archipiélago. Phylis es una maestra jubilada de la escuela de la compañía bananera con grandiosas historias propias sobre los hijos de los bananeros y de donde están hoy en día. Sin embargo, es su esposo Clyde el que es conocido por sus cuentos carismáticos y su riqueza en información sobre la historia, la cultura y la flora y fauna del mágico lugar llamado Bocas del Toro. Este es el primer episodio de Historia de Bocas con Clyde Stephens.

Fue recibido con acogedoras sonrisas, café caliente y un torbellino inmediato de historias, anécdo-tas coloridas y trivialidades interesantes. ” Casi cualquiera cosa puede encender mi chispa,” admite el estimado cuentacuentos. Nos sentamos, bebimos café, con una vista de las islas Bastimentos, Carenero y Colon mientras él me hablaba sobre un libro que estaba leyendo en el momento: “Empire of the Sun,” (El Imperio del Sol) una novela por J.G. Ballard, que después se convirtió en una película de Steven Spielberg establecida en un Campamento de Prision Shanghai Japones durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que sucede, es que Clyde está actualmente escribiendo una historia sobre un hombre que también vivió de niño en un campamento de prisión con J.G. Ballard. El nombre de este señor es James Maas, un residente de Bocas desde hace mucho tiempo y un querido amigo de los Stephens, pero voy a dejar que Clyde diga esa historia el mismo.

Pudimos hablar de la vida de Clyde en Bocas, su carrera en United Fruit, la ciencia agrícola de la banana, insectos, pestes, pesticidas, naturaleza, las carreras de los estudiantes de Phyllis, el comercio de la banana y el impacto que tiene en el desarrollo de Bocas del Toro. Lo más interesante para mí que se me ha quedado impregnado en la mente de este primer episodio de Historia de Bocas con Clyde Stephens; fue el hecho de cuantas plantaciones de cáñamo de Manila en Changuinola jugaron un papel muy importante en la victoria Aliada en la Segunda Guerra Mundial. Nunca me imaginé que las vastas áreas que rodean el pequeño pueblo en la Costa Caribeña de Panamá tenían algo que ver con el conflicto armado de categoría mundial que devastó parte del planeta en el siglo 20.

Si me hubieran preguntado que se fabricaba en Changuinola durante la Segunda Guerra Mundial, yo hubiera adivinado que talvez era lanzamisiles de coco o uniformes militares con piedras preciosas. Hoy en día en Changuinola ciertamente se puede ir al Wolf Mall a comprar camisetas que tienen piedras preciosas de imitación y fuera del pueblo se pueden ver las plantaciones de banana con toda su valiosa mercancía verde. En cambio, en el Changuinola del fin de siglo, ese no era el caso de ninguna manera. Una enfermedad de hongos, conocida como la enfermedad de Panamá, arrasó con todas las bananas de Changuinola para el año 1925 y las tierras aluviales se convirtieron en productores de cacao para poder sostener la tierra y mantener su producción. Pero todo eso iba a cambiar pronto.

En 1941, los Japoneses invadieron las Filipinas y controlaron la fuente de soga del mundo. “No se puede pelear en una guerra si no se puede atar con una soga a los barcos de guerra,” explica lógicamente el Sr. Stephens. El cultivo al que nos estamos refiriendo es la musa textil conocido como abacá, la cual es una especie de banana. El agua del tallo se exprime con grandes rodillos que dejan fuertes fibras para hacer las sogas. Después de que los Japoneses monopolizaron este material estratégico de guerra, las Fuerzas Aliadas se quedaron sin sogas. Ahí fue donde el gobierno de los Estados Unidos y el departamento de Guerra hizo un contrato con United Fruit para convertir las viejas granjas de cacao en Changuinola para poder producir cáñamo de Manila y así conseguir las fibras para la elabo-ración de las sogas. La compañía de frutas hizo justamente eso y hasta le dio nombres Filipi-nos a las nuevas grajas de cáñamo, como por ejemplo Mindanao, Filipinas, Davao, Manila, Cebu, y Luzon. Finalmente hubo una victoria Aliada sobre el Eje del Mal después de todo. “Eso fue lo que ayudó a ganar la guerra porque esto resultó ser material estratégico de guerra, ” nos resume nuestro residente historiador de Bocas.

El impacto local de la producción de cáñamo de Manila durante la Segunda Guerra Mundial fue un auge económico que cambio el idioma, la etnia, y el panorama cultural que forman el Changuinola que vemos hoy en día. Pero hablaremos más sobre eso en otro episodio de Historia de Bocas con Clyde Stephens.

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